En los últimos años, se han subvencionado investigaciones con el objetivo de evaluar la efectividad y eficacia de la intervención psicoeducativa para la mejora de cualquiera de los síntomas del espectro del autismo. Nos encontramos que actualmente: hay resultados variables y no hay una relación clara entre una intervención particular y el progreso de los niños.

En definitiva, hay que seguir trabajando. De todos los estudios e investigaciones sobre los diferentes tipos de intervenciones en Atención Temprana, se han recogido un conjunto de principios comunes, que a su vez definen lo que son buenas prácticas en la intervención con niños y niñas de trastorno del espectro de autismo.

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Queremos que los padres  conozcan e identifiquen estas buenas prácticas allá donde sus hijos e hijas reciban la intervención:

1. Es necesario incluir en la intervención a los padres y otros miembros de la familia en el establecimiento de metas y prioridades.

2. La intervención debe llevarse a cabo en diversos contextos, como el hogar, la escuela, contextos inclusivos apropiados a lo largo de todo el día, actividades con validez ecológica, contextos naturales con diversas personas y con un registro adecuado de los progresos.

3. Tiene que existir un programa. El Programa de intervención debe incluir objetivos concretos que sean fácilmente medibles y susceptibles de valoración. El programa debe ser individualizado.